restaurar hamacas de madera

Sí –dice James como si esperase la pregunta y tuviera la respuesta preparada-. Deja una buena propina al corpulento arborígen de nariz ancha y labios gruesos que le atiende con absoluta indiferencia, y le pregunta por ‘la casa del comandante’. Otros veinticinco kilómetros por este vía crucis de arenisca y pedruscos, hasta llegar a una intersección en forma de cruz con un ‘stop’. La última gasolinera en un centenar y medio de kilómetros –dos bombas desvencijadas atendidas por un nativo con un cigarrillo en la boca- se encuentra a la salida del pueblo. Sólo lleva recorridos medio centenar de kilómetros en dos horas, silla colgante blanca calcula que le deben quedar otras cuatro o cinco. Son dos horas de lancha, río arriba, y luego otras cinco de pata, que serían ocho para el urbano. Tinajón de ocho latas, es el nombre textual de una gigantesca cerámica de más de 150 L de capacidad. Este set de aluminio (resistente a la interperie, a la luz UV y repele la suciedad) está formado por cuatro sillas y una mesa. Con sus cuatro cabezales y tres niveles ajustables (suave, profundo, relajación), silla colgante huevo lograrás aflojar la tensión y el dolor de los músculos. El cuatro por cuatro, lleno de polvo, brinca como un potro salvaje por la enrevesada carretera de tierra, a través de un bosque frondoso y eterno, entre ciénagas y minas de ópalo y basalto hace largo tiempo clausuradas.

El polvoriento poblado surge como de la nada en un claro del tupido bosque. Lleva abiertas todas las ventanas del ‘jeep’ color caqui -desgraciadamente sin aire acondicionado- que alquiló en el aeropuerto de Cooktown, pero aún así suda copiosamente. Sus piernas se perdían en el aire. Señor Brotherton -dice Chang con aire de impaciencia, la primera carrera de caballos debe estar a punto de empezar-. Un corro de hombres conversa en la calle con aire indolente y latas en la mano. La carretera es la única calle, flanqueada por viviendas chatas de cemento para los arborígenes y barracones desvencijados de uralita o madera donde se venden refrescos y latas de comida caducada. Los prehispanos usaban esto para moler la comida como el maíz que lo hacían en masa. Snufkin sabe quien es: Aunque dice que nunca la ha visto, ha oído que es un terrible monstruo. Es sabido que ronda por Cambridge un fulano del gobierno entrevistando a los mejores en políticas, idiomas y relaciones internacionales, y tú figuras entre ellos, aunque me duela reconocerlo… Viene todos los años.

Lo que yo quiero es ganar pasta. Cuando llegaron a Valledupar, pasaron a Chiriguaná y Tamalameque, punto de encuentro con los que venían por el río, para luego dirigirse a Sompallón. Pero en cierto modo esa conversación, en el banco a orillas del río, abrió una brecha entre ellos. Ya le advirtieron que no era precisamente una autopista, pero nunca imaginó que tendría tantos pedruscos y socavones. La única estructura que destaca un poco de las demás es un feo edificio de hormigón de dos plantas que alberga la clínica, la escuela, la policía y la agencia de servicios sociales. Mi conexión con el SIS, los Servicios de Inteligencia, se reduce a un simple coqueteo juvenil. Acabé el adiestramiento por simple amor propio, y luego tiré la toalla. Necesitaba más libertad, ser yo mismo en el mundo, no un simple número al servicio de unos intereses que no identificaba como míos.